La temperatura como problema en los PC actuales
Espacio monográfico dedicado a la divulgación de todo los temas referentes
a los sistemas operativos, al ordenador, los navegadores, a los virus y a la seguridad de tu
equipo entre otros muchos temas que afectan directamente a tu Pc.
La temperatura como problema en los PC actuales
Cuando en 1981 IBM diseñó el primer PC, el calor no era un problema crítico, pero con la aparición de los XT, y la integración de los primeros discos duros comenzó a ser necesario un sistema de refrigeración. Por una parte, el mayor consumo de potencia hacía necesario refrigerar la fuente de alimentación y, por otra, aquellos discos MFM generaban una elevada temperatura durante su funcionamiento. Sin embargo, un simple ventilador en la fuente de alimentación fue suficiente para resolverlo.
En la actualidad son varios los componentes que generan elevadas
cantidades de calor que hay que evacuar adecuadamente, en ocasiones,
con métodos específicos.
Generación del calor
Los fenómenos que pueden generar calor son de muy diversos tipos,
pero en un ordenador se reducen básicamente a dos: calor por
rozamiento y calor en los semiconductores. También hay una pequeña
parte de calor que se produce en los cables y componentes pasivos,
pero es despreciable frente a las anteriores.
El calor por rozamiento se produce únicamente en los componentes con
partes móviles, es decir, en los medios de almacenamiento masivo. De
ellos, los discos duros son los que más calor generan. Desde
aquellos discos MFM que comentábamos al principio, apenas había
vuelto a ser problemático el calor por rozamiento; sin embargo, la
aparición de discos de alta velocidad de giro (7.000 a 10.000
r.p.m.) ha puesto de manifiesto la necesidad de una atención
especial.
También los CD´S (reproductores y grabadores) generan una buena
cantidad de calor, pero éste es debido más al rayo láser que al
rozamiento de las partes móviles. En cualquier caso, la temperatura
que alcanzan es muy inferior a la de los discos duros más
problemáticos y, cuando es necesario, suelen llevar un pequeño
ventilador integrado.
Por otra parte, el calor producido en los semiconductores comenzó a
hacerse patente con los 486. Estos fueron los primeros
microprocesadores en los que se aconsejaba el uso de un radiador y
un ventilador que mantuviesen una temperatura adecuada. En los
actuales Pentium 2 estos medios se han vuelto absolutamente
imprescindibles, además de haber incrementado notablemente su potencia refrigeradora.
Pero no son los
microprocesadores los únicos semiconductores que generan calor. Ya
en los XT, los transistores de la fuente de alimentación se
calentaban notablemente, y de ahí que las fuentes utilicen un
ventilador. También algunas placas como tarjetas de sonido, de vídeo
o controladoras SCSI alcanzan elevadas temperaturas, debido a la
creciente potencia de sus componentes.
Problemas de un calentamiento excesivo Todos estos productores de
calor no serían ningún problema de no ser porque el funcionamiento
de los semiconductores está íntimamente ligado con la temperatura.
Cuando ésta se eleva por encima de determinados límites, su
comportamiento deja de seguir el patrón para el que fueron diseñados
y los fallos comienzan a sucederse. Si la elevación de temperatura
es pequeña, cuando ésta vuelva a sus niveles normales, el
semiconductor volverá a funcionar correctamente. Si la elevación es
demasiada, el daño será irreversible y el componente se habrá
quemado.
Transmisión del calor
Pero el calor no sólo afecta al componente que lo genera, sino a
todos los circundantes. Por lo tanto, se hace imprescindible
evacuarlo correctamente y, para ello, nada mejor que conocer los
mecanismos de transmisión del calor evidentemente, no se trata de
dar aquí un curso de termodinámica, sino de indicar, de forma
práctica, unas nociones que permitan construir ordenadores en los
que el calor no sea un problema.
El calor se transmite por tres
mecanismos que siempre aparecen combinados: conducción, convección y
radiación. Sin embargo, uno de ellos será dominante sobre los demás,
debiéndole prestar por tanto mayor atención, pues será el que nos
permita evacuar la mayor cantidad de calor. Cual será el dominante
en cada caso depende de las condiciones de la fuente de calor y de
su entorno.
Conducción
La conducción es el método más directo de transmisión del calor. Se
produce cuando dos partes de un cuerpo, o dos cuerpos en contacto
directo, se encuentran a distinta temperatura. Entonces el calor
pasa de la parte más caliente a la más fría, hasta que la
temperatura se hace homogénea.
Para aumentar la transmisión de calor por conducción se puede
aumentar la superficie de contacto entre la parte fría y la
caliente, o elevar la diferencia de temperaturas entre estas.
Convección
La transmisión por convección se da en líquidos y gases. Para el
caso que nos interesa, en el aire. Se produce por ser menos denso el
aire caliente que el frío y, por lo tanto, más ligero. Por ello, el
aire caliente tiende a subir, siendo reemplazado por aire frío en
las zonas inferiores.
El mecanismo anterior se denomina convección natural, y es valido
para evacuar pequeñas cantidades de calor. Para mejorar el
rendimiento se suele utilizar la convección forzada, que consiste en
acelerar el movimiento natural del aire por medio de un ventilador.
Para que el ventilador no se oponga al mecanismo natural de
convección, es importante que impulse el aire caliente de abajo
hacia arriba, o el aire frío desde arriba hacia abajo.
Radiación
En este mecanismo, el calor se transmite en forma de radiación
electromagnética y, por tanto, a la velocidad de la luz. Cuanto
mayor sea la superficie y la temperatura de un objeto, mayor será el
calor que desprenda por radiación. Además, también está influido por
el color del objeto, siendo los colores oscuros y mates los más
propicios para la evacuación del calor por radiación.
Como refrigerar un ordenador
Ahora que ya sabemos donde se produce el calor y cómo se transmite,
veamos cómo podemos eliminar el que se produce en los componentes de
un ordenador.
En primer lugar se debe tener en cuenta el fenómeno de la convección
natural. Como hemos dicho, el aire caliente tiende a subir, por lo
que los elementos generadores de calor se deben colocar lo más alto
posible dentro del interior de la caja. De este modo se evitará el
calentamiento innecesario de todos los demás componentes. Los
elementos a los que hay que prestar más atención son la fuente de
alimentación y el disco duro. El procesador genera mucho calor, pero
está sometido al diseño de la placa base, por lo que no se dispone
de ninguna libertad a la hora de situarlo. También hay que cuidar la
posición de las tarjetas que sean especialmente cálidas, reservando
para ellas las ranuras superiores de la caja.
Pero la convección que se da en un ordenador es forzada, pues todas
las fuentes de alimentación disponen de un ventilador que mueve el
aire de toda la caja. Si el ventilador extrae el aire debe estar
situado arriba, de modo que saque aire caliente. En el caso de
algunas fuentes, el ventilador introduce aire frío del exterior, por
lo que, idealmente, debería colocarse en la parte inferior. Esto
contradice las indicaciones anteriores, pues la propia fuente de
alimentación ya estaría calentando el aire de toda la caja. Por este
motivo es más aconsejable una fuente colocada arriba, cuyo
ventilador saque aire caliente. Esto implica una condición que se
debe imponer al elegir la caja, a la que se le deben exigir unas
condiciones de eficiencia, además de las habituales de robustez y
estética.
Para que el mecanismo de convección forzada funcione a la
perfección, deben existir ranuras de entrada de aire en el extremo
opuesto a la salida, de modo que la corriente pueda recorrer todo
el interior de la caja. Además, debe mantenerse la caja cerrada
con sus tapas, pues en otro caso la corriente se dispersaría,
perdiendo su eficacia.
Para garantizar que la caja permanece cerrada mientras el ordenador
esté encendido se pueden implementar sistemas de control por
interruptores o células fotoeléctricas. Algunas placas base integran
estos sistemas de serie, permitiendo su gestión desde la BIOS o por
software. Otra opción es incluir canalizaciones interiores de aire
para conducir la corriente por las zonas más calientes.
Además del ventilador de la fuente de alimentación, puede ser
conveniente añadir algún otro ventilador que refuerce la
refrigeración, especialmente si se prevé el uso de componentes que
generen mucho calor. Dichos ventiladores pueden colocarse
directamente en la carcasa, de modo que refrigeren todos los
componentes, o en el interior, dedicados a uno en exclusiva. Es el
caso de los ventiladores de las CPU, que se encargan de separar el
calor rápidamente del microprocesador para que, luego, sea evacuado al
exterior.
También es conveniente este sistema con los discos duros
de alta velocidad. Los actuales modelos de placas base disponen de
conectores específicos para conectar, al menos, el ventilador
microprocesador. En algunos casos encontramos hasta tres conectores
para ventiladores, cuya velocidad puede estar controlada por
sensores de temperatura presentes en la propia placa base, de modo
que cada ventilador funcione al ritmo mínimo imprescindible para
mantener una temperatura adecuada. De este modo se consigue reducir
el consumo, pero sobre todo, el ruido que producirían varios
ventiladores funcionando a plena potencia de forma permanente.
Para los componentes que más se calientan es insuficiente la
evacuación de calor por convección, por lo que hay que recurrir a la
conducción. Para ello se instalan disipadores de aluminio (excelente
conductor del calor) en contacto directo con el elemento caliente.
Estos disipadores deben mantener el contacto en la mayor superficie
posible, de modo que se aumente la transferencia de calor. Es por
ello que hay que huir de pegatinas sobre las CPU, así como de
disipadores arañados o curvados en su cara de contacto. Cuando sobre
el procesador se coloca la típica etiqueta de garantía, por fina que
sea ésta, se está limitando el contacto a la zona donde se encuentra
adherida y, además, hay que tener en cuenta que el papel y el
adhesivo de la pegatina son aislantes del calor, por lo que la función
del disipador se ve drásticamente reducida o incluso anulada.
Para
mejorar el contacto se puede utilizar grasa de silicona. Esta grasa
es una pasta altamente conductora del calor que, aplicada entre el
disipador y el elemento a refrigerar, rellena cualquier
irregularidad de las superficies, e incrementa el rendimiento al
aumentar la superficie útil de contacto.
El calor se transfiere al disipador por conducción, pero éste debe
evacuarse al aire del entorno por otros mecanismos, principalmente
por convección. Para ello, los disipadores se diseñan con numerosas
aletas y estrías que incrementan la superficie de contacto con el
aire. A mayor superficie, mayor eficacia. Además, corno todos los
cuerpos calientes, se emite energía por radiación. Para optimizar
este proceso, el disipador debe estar pintado de negro mate,
resultando mucho menos eficaces los modelos dorados que proliferan
últimamente. En cualquier caso, si hay que elegir entre un gran
disipador dorado o uno negro de menor tamaño, nos decantaremos por
el dorado, pues los efectos de la transmisión por radiación son
mínimos si los comparamos con los obtenidos por una mayor superficie
que mejore la convección. Para facilitar el proceso de convección se
puede aumentar la diferencia de temperaturas entre la parte fría y
la caliente. Así pues, si enfriamos el disipador con un ventilador
colocado directamente sobre él, se habrá elevado mucho el
rendimiento.
Aunque la disipación por conducción suele usarse sólo en los
semiconductores, también puede ser conveniente usarla en otros
componentes. En concreto, algunos fabricantes de discos duros
recomiendan su empleo en los modelos más rápidos, aunque suele ser
posible reemplazarlo por una generosa corriente de aire.
Métodos especiales de refrigeración
Hasta aquí los métodos convencionales de evacuación del calor.
Existen aún dos procedimientos que cabría denominar de
refrigeración, pues su objetivo no es sacar el exceso de calor, sino
producir temperaturas incluso inferiores a la ambiental. Hay que
advertir que son métodos poco habituales, pues su coste es elevado
y, generalmente, no es necesario producir temperaturas tan bajas. Se
trata más bien de técnicas experimentales que, quizás en un futuro,
sea necesario aplicar.
El primero de estos procedimientos son las células Peltier. Se trata
de unas placas de dimensiones aproximadas a las de un procesador y
un espesor similar, formadas por pequeños bloques de silicio entre
dos frágiles láminas cerámicas. Cuando se aplica una tensión
continua (12 v.), uno de los lados se calienta, mientras que el otro
se enfría, pudiendo llegar fácilmente a temperaturas de 250C bajo
cero. Estas células mantienen un salto térmico entre ambas caras de
unos 70-C, por lo que enfriando el lado caliente se consigue menor
temperatura en el lado frío. Aunque la temperatura que se puede
conseguir es muy baja, se trata de un método muy poco eficaz para
evacuar el calor. A pesar de poder conseguir -25'C en vacío, esta
temperatura se elevará a varios grados sobre cero en el momento en
que se ponga en contacto con la CPU, produciendo un elevado calor en
la cara opuesta. Para mejorar el rendimiento se pueden colocar
varias placas asociadas, pero esto dispara el coste y el consumo.
Hay que tener en cuenta que cada una de estas placas consume en
torno a 4 ó 5 amperios (50 a 60 W), y su precio ronda los 30 €.
El segundo método es el mismo en que se basa cualquier frigorífico
o sistema de aire acondicionado. Se trata de instalar un
compresor, un circuito de freón y un evaporador, de modo que se
consiguen temperaturas de hasta -40'C y, en este caso, una buena
eliminación del calor. Se trata de un método drástico e incómodo
que, por el momento, no tiene ninguna aplicación realmente
práctica. Precisa de un aporte de potencia extra de nada menos que
120 W, lo que puede ser más que la necesaria para el ordenador e
incluso para una caja especial que pueda alojar los nuevos
componentes, Sin embargo, este desarrollo de la empresa KryoTech
(www.kryotech.com) permite elevar la velocidad de funcionamiento
de los procesadores hasta límites insospechados. Concretamente se
ha conseguido hacer funcionar un Pentium II de 266 MHz a 400 MHz o
un Alpha de 600 MHz a 767 MHz. Esto hace pensar que pueda llegar a
ser la solución que se adopte en el futuro para refrigerar los
nuevos procesadores, cuya velocidad se está viendo limitada, en
algunos casos, por los problemas de refrigeración que plantean.



