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Si en ocasiones la facilidad de transmitir la información es una
ventaja, en otras se convierte e un inconveniente. El uso de
estándares abiertos, bien conocidos, hace que los datos queden
expuestos a ojos curiosos, en ocasiones con perversas intenciones.
Mantener el flujo de datos a salvo de otras personas que no sean los
destinatarios específicos es un aspecto que condiciona las
operaciones comerciales, tanto personales como empresariales.
Si bien algunas conversaciones vía e-mail resultan intrascendentes,
otras contienen información reservada, cuando no confidencial. El
conocimiento de nuestros datos de la tarjeta de crédito, la cuenta
bancaria, o cuándo salimos de vacaciones, pueden interesar a
ladrones y malhechores de todo tipo.
En el terreno del comercio electrónico, mantener una comunicación
privada entre vendedor y comprador evita fraudes, timos, engaños y
operaciones no consentidas. Y esto sólo se logra cuando hay una
comunicación sin equívocos entre el vendedor con su mercancía y el
comprador con su dinero.
Pero la transferencia de los datos de uno y otro pasan por el
complejo sistema de servidores en que fundamente la Web. Es decir
que, si no ponemos los medios adecuados, no podemos garantizar que
llegan intactos y a su destinatario correcto.
El intercambio global de bienes o servicios por su equivalente en
dinero es la base del comercio. Y en su vertiente electrónica sólo
se distingue por su específico canal de comunicación, en el cual las
dos partes no se ven las caras ni establecen un contacto personal
directo. Pero incluso en ausencia de este contacto, que permite
globalizar ya sea la oferta o la compra, tanto uno como otro
necesitan asegurar que la otra parte es fiable y responsable.
Aunque sin conocer exactamente los mecanismos precisos utilizados en
el proceso, cerca de la mitad de los internautas que realizan
compras mediante Internet utilizan como medio de pago la tarjeta de
crédito. Esto se basa en la confianza que deposita en el sitio Web
de compra, el cual a su vez confía en que con los datos correctos de
la tarjeta cobrará su importe. Para que esto suceda así, el
intercambio de información debe seguir normas que sean aceptables
por ambas partes y que permitan que la identidad de unos y otros
resulte inequívoca.
Además de confianza en las partes, éstas deben usar los mismos
procedimientos de comunicación, con independencia de la plataforma.
Esto ha llevado a la creación de una serie de protocolos estándares,
independientes de la plataforma, que permiten la interconexión de
datos, en forma segura, entre los diversos participantes.
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