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Para garantizar que la caja permanece cerrada mientras el ordenador
esté encendido se pueden implementar sistemas de control por
interruptores o células fotoeléctricas. Algunas placas base integran
estos sistemas de serie, permitiendo su gestión desde la BIOS o por
software. Otra opción es incluir canalizaciones interiores de aire
para conducir la corriente por las zonas más calientes.
Además del ventilador de la fuente de alimentación, puede ser
conveniente añadir algún otro ventilador que refuerce la
refrigeración, especialmente si se prevé el uso de componentes que
generen mucho calor. Dichos ventiladores pueden colocarse
directamente en la carcasa, de modo que refrigeren todos los
componentes, o en el interior, dedicados a uno en exclusiva. Es el
caso de los ventiladores de las CPU, que se encargan de separar el
calor rápidamente M microprocesador para que, luego, sea evacuado al
exterior. También es conveniente este sistema con los discos duros
de alta velocidad. Los actuales modelos de placas base disponen de
conectores específicos para conectar, al menos, el ventilador
microprocesador. En algunos casos encontramos hasta tres conectores
para ventiladores, cuya velocidad puede estar controlada por
sensores de temperatura presentes en la propia placa base, de modo
que cada ventilador funcione al ritmo mínimo imprescindible para
mantener una temperatura adecuada. De este modo se consigue reducir
el consumo, pero sobre todo, el ruido que producirían varios
ventiladores funcionando a plena potencia de forma permanente.
Para los componentes que más se calientan es insuficiente la
evacuación de calor por convección, por lo que hay que recurrir a la
conducción. Para ello se instalan disipadores de aluminio (excelente
conductor M calor) en contacto directo con el elemento caliente.
Estos disipadores deben mantener el contacto en la mayor superficie
posible, de modo que se aumente la transferencia de calor. Es por
ello que hay que huir de pegatinas sobre las CPU, así como de
disipadores arañados o curvados en su cara de contacto. Cuando sobre
el procesador se coloca la típica etiqueta de garantía, por fina que
sea ésta, se está limitando el contacto a la zona donde se encuentra
adherida y, además, hay que tener en cuenta que el papel y el
adhesivo de la pegatina son aislantes M calor, por lo que la función
del disipador se ve drásticamente reducida o incluso anulada. Para
mejorar el contacto se puede utilizar grasa de silicona. Esta grasa
es una pasta altamente conductora del calor que, aplicada entre el
disipador y el elemento a refrigerar, rellena cualquier
irregularidad de las superficies, e incrementa el rendimiento al
aumentar la superficie útil de contacto.
El calor se transfiere al disipador por conducción, pero éste debe
evacuarse al aire del entorno por otros mecanismos, principalmente
por convección. Para ello, los disipadores se diseñan con numerosas
aletas y estrías que incrementan la superficie de contacto con el
aire. A mayor superficie, mayor eficacia. Además, corno todos los
cuerpos calientes, se emite energía por radiación. Para optimizar
este proceso, el disipador debe estar pintado de negro mate,
resultando mucho menos eficaces los modelos dorados que proliferan
últimamente. En cualquier caso, si hay que elegir entre un gran
disipador dorado o uno negro de menor tamaño, nos decantaremos por
el dorado, pues los efectos de la transmisión por radiación son
mínimos si los comparamos con los obtenidos por una mayor superficie
que mejore la convección. Para facilitar el proceso de convección se
puede aumentar la diferencia de temperaturas entre la parte fría y
la caliente. Así pues, si enfriamos el disipador con un ventilador
colocado directamente sobre él, se habrá elevado mucho el
rendimiento.
Aunque la disipación por conducción suele usarse sólo en los
semiconductores, también puede ser conveniente usarla en otros
componentes. En concreto, algunos fabricantes de discos duros
recomiendan su empleo en los modelos más rápidos, aunque suele ser
posible reemplazarlo por una generosa corriente de aire.
Métodos especiales de refrigeración
Hasta aquí los métodos convencionales de evacuación del calor.
Existen aún dos procedimientos que cabría denominar de
refrigeración, pues su objetivo no es sacar el exceso de calor, sino
producir temperaturas incluso inferiores a la ambiental. Hay que
advertir que son métodos poco habituales, pues su coste es elevado
y, generalmente, no es necesario producir temperaturas tan bajas. Se
trata más bien de técnicas experimentales que, quizás en un futuro,
sea necesario aplicar.
El primero de estos procedimientos son las células Peltier. Se trata
de unas placas de dimensiones aproximadas a las de un procesador y
un espesor similar, formadas por pequeños bloques de silicio entre
dos frágiles láminas cerámicas. Cuando se aplica una tensión
continua (12 v.), uno de los lados se calienta, mientras que el otro
se enfría, pudiendo llegar fácilmente a temperaturas de 250C bajo
cero. Estas células mantienen un salto térmico entre ambas caras de
unos 70-C, por lo que enfriando el lado caliente se consigue menor
temperatura en el lado frío. Aunque la temperatura que se puede
conseguir es muy baja, se trata de un método muy poco eficaz para
evacuar el calor. A pesar de poder conseguir -25'C en vacío, esta
temperatura se elevará a varios grados sobre cero en el momento en
que se ponga en contacto con la CPU, produciendo un elevado calor en
la cara opuesta. Para mejorar el rendimiento se pueden colocar
varias placas asociadas, pero esto dispara el coste y el consumo.
Hay que tener en cuenta que cada una de estas placas consume en
torno a 4 ó 5 amperios (50 a 60 W), y su precio ronda las 5.000
ptas = 30 €.
El segundo método es el mismo en que se basa cualquier frigorífico o
sistema de aire acondicionado. Se trata de instalar un compresor, un
circuito de freón y un evaporador, de modo que se consiguen
temperaturas de hasta -40'C y, en este caso, una buena eliminación
del calor. Se trata de un método drástico e incómodo que, por el
momento, no tiene ninguna aplicación realmente práctica. Precisa de
un aporte de potencia extra de nada menos que 120 W, lo que puede
ser más que la necesaria para el ordenador e incluso para una caja
especial que pueda alojar los nuevos componentes, Sin embargo, este
desarrollo de la empresa KryoTech (www.kryotech.com) permite elevar
la velocidad de funcionamiento de los procesadores hasta límites
insospechados. Concretamente se ha conseguido hacer funcionar un
Pentium II de 266 MHz a 400 MHz o un Alpha de 600 MHz a 767 MHz.
Esto hace pensar que pueda llegar a ser la solución que se adopte en
el futuro para refrigerar los nuevos procesadores, cuya velocidad se
está viendo limitada, en algunos casos, por los problemas de
refrigeración que plantean.
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